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Los hábitos que nos ayudan a evitar las contracturas cervicales, según un fisio: “Puede haber pérdida de fuerza”
MADRID, ESPAÑA/ EL DIARIO.— La cervicalgia, como se llama al dolor cervical, es una de las afecciones más comunes actualmente. De acuerdo con los datos de la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER), el 80% de las cervicalgias son funcionales, es decir, están relacionadas con contracturas, malas posturas y sobreesfuerzos.
Las posturas forzadas de la columna vertebral y la falta de incorporación de hábitos que refuercen la higiene postural pueden empeorar o intensificar el dolor. Para saber un poco más sobre esta afección hablamos con Mariano González Sáez, fisioterapeuta experto en Traumatología y director de NeuroSport Clínica de Fisioterapia Avanzada.
Contractura cervical: cómo podemos identificarla
Cuando hacemos referencia a las contracturas cervicales a menudo nos referimos a un dolor general no identificado, sobre todo en la espalda, en la zona occipital, el cuello y las vértebras superiores de la columna vertebral. Como explica González, “un músculo que esté contracturado es un músculo débil, por tanto, puede haber un dolor localizado o incluso irradiar dentro de un patrón, lo que nos diría que esa contractura es de un tipo específico llamado ‘punto gatillo’”.
Puede aparecer “rigidez muscular y tensión muscular, lo que provocaría limitación funcional, es decir, la articulación se movería de forma distinta”, aclara el especialista, que admite además que, al tratarse de un músculo débil, “puede haber también pérdida de fuerza”. Por tanto, se relaciona también con un movimiento articular limitado; por ejemplo, con dificultad para girar el cuello.
Cuáles son las causas detrás de las contracturas musculares
En cierta manera, las contracturas musculares son una reacción defensiva del cuerpo, que se desencadena cuando un músculo se somete a un estrés más allá de sus capacidades, o por proteger una articulación dolorosa e inflamada. Una contractura se produce cuando los músculos, tendones, articulaciones u otros tejidos se estrechan o se acortan y causan una deformidad.
Se puede formar por varias razones. “No solo la mala postura, que es una de las causas más frecuentes, puede estar detrás de una contractura”, aclara González. También puede aparecer por otros motivos, como “movimientos repetitivos; exceso de uso del músculo, es decir, cuando lo sobrecargamos, ya que es cuando se fatiga y debilita; movimientos bruscos, ya que las fibras musculares no han tenido tiempo de calentarse y, por tanto, se ‘bloquea’, y es cuando aparece la banda tensa o contractura”, afirma González.
Detrás de una contractura también puede haber “un trauma o golpe, nuestra musculatura es nuestra coraza, y muchas veces se contractura para proteger lo que tiene debajo”, matiza González.
Cómo relajar y aligerar esta tensión
Sin tratamiento, este dolor corre el riesgo de convertirse en crónico y llegar a limitar la movilidad y afectar el bienestar diario. Pero la buena noticia es que si se abordan las causas se puede aligerar el dolor de cuello y recuperar la sensación de ligereza en la parte superior de la espalda y del cuello. ¿Cómo se pueden tratar? ¿Podemos aplicar calor, o es contraproducente?
Como explica González, la solución dependerá de varios factores. Uno de ellos es el “origen de esta contractura. La evidencia científica nos habla de realizar estiramientos suaves y tratar el músculo con el fin de mejorar la circulación sanguínea (hay un bloqueo y almacén de energía que imposibilita la desaparición de la contractura por sí sola)”.
Los pasos para aliviar el dolor de cuello se basan en distintas técnicas “dirigidas a disminuir la inflamación local, mejorar la circulación sanguínea y el fortalecimiento muscular”. Sobre si el calor alivia o no, o si va bien o no, González sostiene que si bien sí “mejora esa ‘relajación muscular’, siempre deben respetarse las 48 horas iniciarles del proceso inflamatorio natural; si no, no regenera el cuerpo”, afirma González.
“Se pueden usar parches térmicos o láser de alta potencia, en función de si buscamos profundizar o no”, aconseja González.
Cómo podemos prevenir las contracturas cervicales
Nuestros hábitos y entorno tienen una relación directa con la salud de nuestro cuello. Si nos aseguramos de darle el cuidado y el apoyo necesarios será más fácil evitar problemas. Incorporar ciertos ajustes a nuestro estilo de vida pueden ayudarnos a prevenir el dolor cervical. Adoptar hábitos más saludables puede contribuir, en gran medida, a prevenir las molestias.
Para González, es clave “mantener una vida activa, intentar mantener un tono muscular bueno, independientemente de la edad de cada persona, para adaptar los ejercicios y la actividad deportiva a cada uno”, afirma González. Pero más allá de la actividad física, la alimentación también juega un papel determinante. “Recordemos que somos lo que comemos y una dieta rica en proteína nos ayudará a mantener unos músculos más sanos. Por ello siempre recomiendo acudir a un nutricionista”, admite González.
Otra buena razón para beber mucha agua durante el día es para nutrir e hidratar, para “podernos regenerar y mejorar la calidad del músculo”, explica González.