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El estrés, el IMC y las hormonas están relacionados con una pubertad más temprana en las niñas

El estrés, el IMC y las hormonas están relacionados con una pubertad más temprana en las niñas

NUEVA YORK,EE.UU./ SALUD DIGITAL.- Niveles elevados de hormonas esteroides clave, junto con un mayor estrés e índice de masa corporal (IMC), se asocian con una pubertad más temprana en las niñas, según un nuevo estudio de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia. 

 Si bien muchos estudios describen tendencias decrecientes en la edad de la pubertad, hasta ahora pocos han examinado cómo el estrés y el IMC interactúan con la biología hormonal de las niñas. Este artículo es uno de los primeros en integrar estos tres factores mediante un enfoque integral del metaboloma esteroideo. 

Los niveles elevados de glucocorticoides, andrógenos y progesterona en la orina antes de la pubertad se han asociado con un desarrollo mamario acelerado (telarquia). Las niñas con altos niveles de glucocorticoides, junto con un IMC elevado y estrés, han entrado en la pubertad un promedio de siete meses antes que sus compañeras con niveles más bajos. 

“Si bien el estrés y el IMC se han reconocido desde hace tiempo como predictores independientes de la pubertad, pocos estudios han examinado cómo interactúan con las hormonas de las niñas”, ha explicado Lauren Houghton, doctora en Epidemiología, profesora adjunta de la Escuela Mailman de Columbia y primera autora del estudio. “Nuestros hallazgos cuestionan la investigación convencional, que se ha centrado principalmente en el estrógeno y el tamaño corporal, y destacan, en cambio, el papel del estrés y los andrógenos en el desarrollo puberal”.

Las asociaciones más fuertes se han observado con la progesterona, los andrógenos y los glucocorticoides, lo que indica que múltiples vías hormonales, y no sólo los estrógenos, desempeñan un papel fundamental en el momento de la pubertad. En este sentido, los niveles elevados de metabolitos de glucocorticoides, andrógenos y progesterona tienen relación con que la pubertad inicie antes. Los niveles elevados de andrógenos y progesterona también se han vinculado con una mayor duración de la pubertad. Los metabolitos de estrógeno se han asociado con un inicio tardío, no acelerado. Los efectos de las hormonas sobre el momento de la pubertad se han visto significativamente modificados por el IMC y los niveles de estrés. 

Cabe destacar que las asociaciones han sido consistentes independientemente de los antecedentes familiares de cáncer de mama. “Nuestro objetivo era identificar el conjunto completo de patrones hormonales vinculados a la pubertad precoz y comprobar si el IMC y el estrés modifican esta relación”, ha subrayado Houghton. “Predecimos que las niñas con un IMC elevado y altos niveles de estrés experimentarían una pubertad precoz, y que la respuesta al estrés cambia durante este período clave para las niñas”.  

Los investigadores se han basado en datos del estudio LEGACY Girls Study, una cohorte de 1.040 niñas de entre 6 y 13 años reclutadas en Estados Unidos y Canadá. Se ha realizado un seguimiento semestral de las participantes mediante evaluaciones clínicas, cuestionarios y la toma de muestras biológicas. 

“Dado que la pubertad precoz está relacionada con un mayor riesgo de cáncer de mama en la edad adulta, los resultados tienen importantes implicaciones tanto para la atención pediátrica como para la salud pública”

El análisis ha incluido a 327 niñas que se encontraban en la etapa prepuberal al inicio del estudio y que han proporcionado muestras de orina al menos un año antes del comienzo de la pubertad. Houghton y sus colegas han medido un panel completo de metabolitos esteroideos utilizando muestras de la primera orina de la mañana y han realizado un seguimiento del desarrollo puberal mediante escalas clínicas validadas.

Las madres de las niñas han completado una Escala Compuesta de Internalización, que incluye subescalas para ansiedad, depresión y otros factores de riesgo. También han ofrecido información sobre los antecedentes familiares de cáncer de las niñas, así como sobre el embarazo y la infancia, incluyendo el peso al nacer y la raza y etnia de sus hijas. El personal de investigación capacitado ha medido la estatura y el peso dos veces cada seis meses. 

“A diferencia de investigaciones anteriores, este estudio ha examinado simultáneamente los patrones hormonales, el IMC y el estrés psicosocial dentro de la misma cohorte”, ha afirmado la autora principal, Mary Beth Terry, doctora en Epidemiología, profesora de la Escuela Mailman de Columbia, el Centro Oncológico Herbert Irving y el Instituto Silent Spring. “Curiosamente, también hemos descubierto que las asociaciones eran consistentes independientemente de los antecedentes familiares de cáncer de mama”. 

Los autores han observado que estos hallazgos podrían ayudar a explicar la tendencia actual hacia una pubertad más temprana y señalar estrategias de prevención viables. 

“Las intervenciones para reducir el estrés y los cambios en el estilo de vida saludable pueden ayudar a retrasar la pubertad precoz y mejorar los resultados de salud a largo plazo”, ha afirmado Houghton. 

“Dado que la pubertad precoz está relacionada con un mayor riesgo de cáncer de mama en la edad adulta, los resultados tienen importantes implicaciones tanto para la atención pediátrica como para la salud pública”. 

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