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En treinta años, la pérdida de audición afectará a un cuarto de las personas del mundo

En treinta años, la pérdida de audición afectará a un cuarto de las personas del mundo

NUEVA YORK,EE.UU./ AGENCIA EFE.- Aún cuando los especialistas estiman que muchas de las causas de la sordera en sus distintas fases son prevenibles, se estima que para 2050 una de cada cuatro personas en el mundo, casi 2 500 millones, vivirá con algún nivel de afectación auditiva.

Según el primer Informe Mundial sobre la Audición, publicado este mes por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los afectados, al menos 700 millones necesitarán acceso a atención auditiva y otros servicios de rehabilitación, a menos que se tomen medidas, advierte el documento.

En la mayoría de los países, la atención de los oídos y la audición aún no está integrada en los sistemas nacionales de Salud y el acceso a estos servicios es un desafío para las personas que lo necesitan. Asimismo, el acceso a la atención auditiva está mal medido y documentado, y el sistema de información sanitaria carece de indicadores relevantes.

Refiere el informe que, a menudo, los gobiernos no incluyen los exámenes de oído en los planes de Salud básicos, y en países de bajos ingresos las personas no tienen acceso a profesionales, aunque tengan molestias.

Más de mil millones de adolescentes y adultos jóvenes corren el riesgo de sufrir una pérdida auditiva irreversible, debido a las prácticas habituales de escuchar música a un volumen alto y durante un tiempo prolongado.

«Entre los países de bajos ingresos, destaca el documento publicado por la OMS, alrededor del 78 % tiene menos de un especialista en oído, nariz y garganta por millón de habitantes; el 93 % tiene menos de un audiólogo por millón; solo el 17 % tiene uno o más logopedas por millón, y el 50 % tiene uno o más maestros para sordos por millón. Los expertos explican que esta brecha se puede cerrar mediante la integración de la atención del oído y la audición en la atención primaria de Salud mediante estrategias como el intercambio de tareas y la capacitación.

«En los niños, casi el 60 % de la pérdida auditiva se puede prevenir mediante medidas como la inmunización para la prevención de la rubéola y la meningitis, la mejora de la atención materna y neonatal, y la detección y tratamiento temprano de la otitis media, enfermedades inflamatorias del oído medio. En los adultos, el control del ruido y la vigilancia de los medicamentos ototóxicos, junto con una adecuada higiene del oído, puede ayudar a mantener una buena audición y reducir la posibilidad de pérdida auditiva».

Los avances tecnológicos recientes, que incluyen herramientas precisas y fáciles de usar, pueden identificar enfermedades del oído y pérdida de audición a cualquier edad, en entornos clínicos o comunitarios, y con capacitación y recursos limitados. El diagnóstico puede tener lugar, incluso, en situaciones desafiantes, como las de la pandemia de COVID-19 y las de las personas que viven en áreas desatendidas y remotas del mundo.

Para la OMS, el número de personas que viven con pérdidas auditivas no tratadas y enfermedades del oído es «inaceptable».

La pérdida de audición no tratada tiene consecuencias para las comunidades de todo el mundo y cuesta a los gobiernos 980 000 millones de dólares anuales. Las intervenciones para prevenir, identificar y abordar la pérdida auditiva son rentables y pueden aportar grandes beneficios a las personas.

El informe subraya la necesidad de intensificar rápidamente los esfuerzos para prevenir y abordar la pérdida auditiva mediante la inversión y la ampliación del acceso a los servicios de atención auditiva, asegurando que se ha demostrado que la inversión en este tipo de servicios es rentable: la OMS calcula que los gobiernos pueden esperar un retorno de casi 16 dólares por cada dólar invertido.

«Para garantizar que el beneficio de estos avances y soluciones tecnológicos sea accesible de manera equitativa para todos, los países deben adoptar un enfoque integrado centrado en las personas», afirma el Doctor Bente Mikkelsen, director del Departamento de Enfermedades No Transmisibles de la OMS.

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